sábado, 23 de junio de 2012

Los otros, una penosa necesidad


Siempre decimos que somos quienes somos producto de nuestras propias decisiones y que prácticamente, nadie influye en nuestra manera de ser. Que mentira más grande. Según Jean Paul Sartre, los seres humanos necesitamos de la atención de otros, así como la interacción con ellos, con la única finalidad de que nuestras capacidades cognitivas se desarrollen, así como también, nuestros atributos morales.  Sin lugar a dudas, sin la interacción con los otros, no tendríamos una identidad objetiva. Sartre considera con especial interés el surgimiento de la identidad personal en lo que llamamos dependencia. Se hace necesaria la interacción con los otros para generar una reflexión autoconsciente. Antes de involucrarnos con el resto, somos individuos conscientes, pero no de nosotros mismos, es decir, sólo interactuando con nuestro prójimo, adquirimos una plena consciencia de nosotros mismos. La autoconciencia, por su parte, es esencial para el desarrollo de aquella identidad objetiva que mencioné anteriormente.
Tener un “yo” significa tener un sentido objetivo de uno mismo. Significa tener claras nuestras aptitudes y características, así como nuestras preferencias y aversiones. Un individuo no puede desarrollar su “yo” por cuenta propia. Los otros guardan el secreto de lo que yo soy. Los otros son una penosa necesidad.

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